lunes, 4 de mayo de 2015

Ciudadanos o la nada.



Con la crisis presunta de los partidos tradicionales de “la casta”, asistimos a un nuevo panorama donde florecen alternativas de todo tipo y condición. Incluidas propuestas chavistas, que amenazan con llevarse por delante el orden establecido y nuestro modelo constitucional que, tras haber conseguido una transición modélica, es tachado ahora de fraudulento y franquista por los discípulos del bolivarianismo.

Con el deshinchamiento de Podemos surge otra burbuja (definitivamente España es un país de burbujas) liderada por Albert Rivera. Reconozco que la nueva alternativa es más atractiva que la anterior. No en vano, al coletas se le veía a la legua la caspa ególatra y totalitaria, como decíamos en un post de julio del año pasado. En cambio, a mí Rivera me gustó al principio: su verbo fácil, su valentía y su aparente honradez eran un soplo de aire fresco entre la inmundicia que afloraba en el mundo de la política.

Pero, al ver su incipiente estructura, se me han caído los palos del sombrajo. Resulta que, entre los cuadros de Ciudadanos, nos encontramos con una brillante colección de deshechos políticos de toda ideología y condición, incluyendo viejas glorias y algunos de los mayores  arrimateguis (en euskera, los que se  arriman al poder) del panorama nacional. Así, la candidata que más cerca me cae, la extremeña, es una veterana profesional del transfuguismo. Pero es que resulta que en Andalucía, y algunos sitios más de los que tengo referencias, se dan las mismas circunstancias.

"Bueno -dicen algunos- es lógico que al faltar estructura se cuelen indeseables, aunque el proyecto es muy bueno”. El problema es que hay muchos indeseables y que los proyectos los hacen las personas. También se dice que la cúpula central son unos tipos brillantes, y te citan a Luis Garicano y al propio Albert.  Garicano tendrá un gran currículum académico (la London School of Economics y todo eso) pero reconozco que me parece un pedante que presume de tener la solución a la economía del país en la cabeza, cuando no ha gestionado ni una tienda de chucherías. En cuanto a Rivera, tras ver su historial en la Wikipedia, lo único que me ha quedado claro es que es un profesional de la política, otro más. Eso sí, ganó el concurso de debates nacional universitario, lo que explica que tenga respuesta para todo.

Empiezo a pensar en una fantástica operación de marketing que, en vez de envolver un producto tan apolillado como el que vendía Podemos, promociona otro distinto, aunque también conocido: la nada. Porque nadie sabe en qué consiste el proyecto de Ciudadanos, fuera de anécdotas como legalizar la prostitución o sustituir el AVE por un Silicon Valley. No sabemos si son liberales o intervencionistas, si subirán o bajarán los impuestos o las pensiones, si flexibilizarán o endurecerán el despido. En la página web dicen que son socio-liberales y socialistas democráticos, lo que es tanto como mezclar el agua y el aceite. Para el gran público, que no lee su página, dicen que son de centro, como todos. Lo curioso de los partidos que han venido a acabar con el bipartidismo es que, a fuerza de querer ocupar todo el espectro político no mojándose, pretenden sustituirlo por el monopartidismo. Con un par!

La impresión que me da es la de un partido donde, como el Iznogud de los comics de Goscinny, al final lo único que pretenden es “ser califas en lugar del califa”.

Para remate, nos enteramos de que en Andalucía, ejemplo de corrupción institucional, el candidato de Ciudadanos se ofrece a apoyar la candidatura de Susana Díaz a cambio de la firma de un “pacto anticorrupción”, que contempla, entre otras cosas, el cambio del Código penal o de las normas de financiación de los partidos. Y eso estaría muy bien si no fuera porque las autonomías no tienen competencias para modificar esas materias, lo que nos lleva a pensar que, o bien los de Ciudadanos son unos completos aficionados y no se enteran de qué va la película, o bien se enteran perfectamente y nos venden humo para tocar poder.

Me llama mucho la atención esa querencia de los españoles a dejarse seducir por cantos de sirena, sin molestarse en investigar si el canto conduce al paraíso o a las rocas y el abismo, como las de Ulises. Yo, por si acaso, me voy a poner cera en los oídos y seguiré expectante a ver en qué consiste este invento. Porque entre el bipartidismo y el monopartidismo de la nada, me quedo con el bipartidismo. Será que me hago mayor, pero los experimentos políticos los prefiero con gaseosa.
 
"Timeo nadaos et dona ferentes" (desconfío de los griegos aunque vengan con regalos)
                                                                -Virgilio-

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