sábado, 5 de mayo de 2012

La piel de la serpiente.



Pensaba dedicar el post a los conocidos líderes bananeros Kirchner y Evo Morales, pero escribir sobre una rata y un camello me parece una pérdida de tiempo y prefiero hacerlo sobre serpientes, animales que como todo el mundo sabe, de vez en cuando cambian de piel. Hablando de pieles, la de la economía española en los años del boom tenía dos componentes muy destacados: una capa de ladrillo y cemento que llegó a representar el 20 % del PIB y una capa de sector público derrochador cuyo peso en el PIB estaba en torno al 45%.

Hemos visto que tanto la construcción como el sector público se han pegado el batacazo en una medida mucho mayor de la que lo ha hecho la economía española, disminuyendo su peso específico dentro la misma. La caída de todo lo que hemos conocido en los años de bonanza, unido a la brutal crisis financiera, debería tener como consecuencia un país en la más absoluta de las miserias.

Pues a pesar del desastroso 2009, nuestra economía solo se contrajo un 2% en conjunto desde sus máximos en 2007, y en 2011 creció ligeramente. Esto significa que poco a poco está cambiando de piel, aunque el coste haya sido alto especialmente en parados, muchos de los cuales se podrían haber evitado si nuestros gobernantes no hubieran dedicado tantos recursos a la tarea imposible de tratar de apuntalar lo viejo. Hay otros elementos que corroboran que algo se está moviendo, como el aumento en el número de autónomos en los tres últimos meses, que seguramente no han montado agencias inmobiliarias ni empresas para contratar con las administraciones.

Cosa distinta son las ganas cambiar de piel de cada uno de nosotros. Oímos que los activos de las principales empresas del mundo son inmateriales (Apple, Google, Microsoft, IBM, etc.) pero seguimos queriendo agarrarnos a empresas industriales con máquinas grandes y chimeneas echando humo. El pequeño comercio languidece mientras echa pestes de los chinos, pero los comerciantes se preocupan de arreglar los escaparates y pasar horas en el mostrador en lugar de trabajar la venta “on line”, que lleva creciendo durante el último decenio al ritmo de dos dígitos anuales. Y leemos que los funcionarios verán reducidos sus privilegios y retribuciones, pero en cuanto la administración saca una plaza de conserje las colas de aspirantes dan la vuelta a la manzana.

Sobre la crisis se han dado múltiples definiciones, más o menos afortunadas. Me quedo con la que dice que” es el momento en que muere lo viejo y lo nuevo no acaba de nacer”. Ahora hay indicios claros de que algo nuevo está naciendo, lo que significa que podemos estar ante el principio del fin de la crisis. De nosotros depende formar parte de la economía y el mundo nacientes o, por el contrario, agarrarnos a las células muertas de la vieja piel.

sábado, 28 de abril de 2012

La erosión emocional




Con este palabro se refiere una conocida gurú del management al hecho de que “los líderes empresariales adolezcan de un agotamiento silencioso que resta energía para continuar ilusionando a los equipos”. Y añade que “líderes que han servido para gestionar los tiempos de bonanza no siempre están preparados para gestionar momentos de dificultad económica”.

A ver si la erosión emocional va a ser lo que antes se llamaba tener la moral por los suelos. Por cierto, muchos de esos supuestos líderes que no sirven para gestionar la crisis son los que se siguen subiendo el sueldo mientras reducen plantilla o sus empresas caen en pérdidas, prueba de los valores en que fundamentaban su liderazgo.

En estos tiempos pasados todo el mundo era líder porque el liderazgo no dependía más que de la cuenta de resultados, y con crédito y despilfarro ilimitado la cuenta siempre estaba bien. Gestionar la bonanza es muy fácil, pero tan poco liderazgo real ha habido cuando atábamos los perros con longanizas que casi nadie previó que las cosas podrían cambiar (ay, la soberbia) y preparó los aparejos del navío para resistir la marejada.

El carácter del verdadero líder se pone a prueba en los tiempos de tempestad. Esto no es nuevo (recomiendo una relectura urgente de “if” de Kipling) lo que pasa es que lo habíamos olvidado. Ahora nos hace falta recuperar el valor y los valores. Valor para tirar hacia adelante, sin pararnos a pensar en las dificultades del camino. Y valores para que nuestro empuje se traduzca el logros duraderos y dignos del esfuerzo invertido. Porque los líderes no se forjan en la suave brisa de primavera, aunque ésta sea muy agradable, sino en las mismas condiciones que el acero, con el fuego y los golpes. Solo así se consigue el temple necesario para resistir la erosión.

La buena noticia es que este año ha comenzado con un aumento en el número de autónomos, prueba de que queda gente con la dosis necesaria de coraje para liderar su propio destino, sin esperar a que la cosa cambie o a que vengan buenas noticias. Esos son los que harán realidad la frase de uno de los grandes líderes de la humanidad: Tú mismo debes ser el cambio que quieres ver en el mundo...

viernes, 20 de abril de 2012

La conspiración judeo-masónica-fiscal.


Últimamente se ha desatado la caza de evasor fiscal como el gran culpable de nuestras penas. La derecha, quizá por el complejo de culpa de haber decretado una amnistía fiscal se ha puesto a legislar disparates en la materia como la imprescriptibilidad de la tenencia de capitales ocultos en el exterior, equiparándola penalmente al delito de genocidio. Mientras, la izquierda señala entusiásticamente a los defraudadores, esperando que miremos el dedo y nos olvidemos de que ha sido la máxima responsable de la ruina en la que nos encontramos.

Y así los políticos, incapaces de coger el toro por los cuernos, promueven la falacia según la cual si sale a la luz toda la economía sumergida (como si ese fuera un problema nuevo) se podrán pagar la sanidad, pensiones, etc. Lo que no dicen es que también se pagarán los falsos EREs, las subvenciones a amiguetes, los aeropuertos para caminantes, los ipad de los diputados, las “mordidas” de Urdangarín y los sueldos y pensiones de los golfos responsables de la actual situación.

De esta forma nos tratan de hacer creer que el perfil del evasor fiscal es el de un millonario que se ríe de los españoles mientras hace lo posible para que el sistema de salud se hunda. Alguien tendría que decir que en infinidad de casos quien defrauda en el IVA es un autónomo que regenta un taller y gana menos que su empleado. Que no se ha podido dar de alta en módulos porque sería su ruina y entre seguros sociales, licencias, ibis, y demás impuestos que no puede eludir no le queda dinero para llevar a su familia. Ya está bien de tronar contra la economía sumergida mientras se mantienen instrumentos fiscales privilegiados para evitar que la gran empresa se domicilie en Irlanda y le haga un corte de mangas al fisco español.

Antes se legislaba con la cabeza y con una profunda reflexión. Ahora se hace a golpe de titular de periódico y de alarma social y así nos va. Cuando son los pequeños empresarios quienes nos van a sacar del atolladero, no se puede aumentar continuamente la presión fiscal sobre ellos para alimentar un sistema público inmenso, insostenible e ineficiente, cuando no corrupto.

No es creíble que pedir recortes del 5 o el 8% al sector público sea poco menos que imposible cuando las empresas y familias se han ajustado un 20, un 30% o más. No es creíble que no se pueda ajustar más lo público cuando se mantienen televisiones, parlamentos y embajadas autonómicas, empresas públicas deficitarias y ayuntamientos de 500 habitantes (o de 2.500 con un animador socio-cultural en plantilla, cosa que he visto personalmente) No es creíble que cuando se financian esperpentos del calibre de los "centros de interpretación de la cultura dolménica" sea necesario subir impuestos, tasas y contribuciones para equilibrar las cuentas.

Los males de nuestro país no son consecuencia de la economía sumergida, sino el resultado de unas políticas desastrosas promovidas por quienes han despilfarrado un dinero que no era suyo para mantener unas poltronas que sí consideraban suyas. La solución no es desatar cazas de brujas sino una política de austeridad, con la seguridad de que cuando tratemos el dinero público como si fuera propio se estirará en la misma medida que lo hace éste, y será menos necesario meter la mano en el bolsillo de los contribuyentes.

domingo, 15 de abril de 2012

La izquierda del ejemplo.



Hace poco señalaba que el movimiento 15-M no tenía más futuro que convertirse en la fuerza de choque callejera de la izquierda para tratar de tomar la calles ante su incapacidad para tomar las urnas. Me equivoqué de medio a medio. La izquierda “oficial” española no necesita sans-cullottes que le hagan el trabajo sucio porque ella misma se emplea en la política barriobajera sin necesidad de acudir a terceros.

Aquellos que cuando mandaban no dejaban de pedir a la oposición responsabilidad y colaboración, tres meses después de perder el poder han demostrado que lo que demandaban a los demás a ellos no se les aplica. Y en un delirante ejemplo de cinismo los que han puesto al borde de la quiebra nuestro modelo de estado jalean el eslogan sindical “quieren acabar con todo”, los responsables de los más de cinco millones de parados tienen la desfachatez de hablar de “los parados de Rajoy” y quienes han recortado pensiones, sueldos de funcionarios y todo aquello que no fueran sus corruptelas hablan de oponerse a los recortes utilizando la guillotina.

Pedir responsabilidad a Rubalcaba y sus huestes se antoja poco menos que pedir peras al olmo. La última demostración de su comportamiento torticero es la de votar en contra de las medidas de estabilidad presupuestaria para controlar el agujero de las comunidades autónomas después de haber modificado la constitución precisamente para eso.

Algunos políticos del PP, no se sabe si por candidez, por hacer un brindis al sol o a falta de otra cosa que decir, proponen un pacto de estado para salir de ésta. Dos no pactan si uno no quiere y está claro que el PSOE es alérgico a cualquier pacto que contribuya a que otros puedan sacarnos del atolladero en el que estamos. Buena muestra de ello es el entusiasmo con el que sus medios afines señalan cualquier mala noticia para la economía española.

Por desgracia en España hemos heredado una izquierda guerracivilista que ni siquiera lucha ya por los derechos de la clase obrera sino que lo hace por mantener sus prebendas personales, en una mutación hacia la cleptocracia pura y dura. Lo sorprendente es que los ataques nocivos de quienes no tiene otros logros que exhibir que miseria y mala baba no reciban la contundente respuesta que merecen y tenga que ser el presidente francés quien los ponga en ridículo con la simple mención a sus culpas en la situación que padecemos.

Es hora de que nuestros gobernantes hagan un ejercicio de responsabilidad y asuman la difícil tarea que tienen por delante con serenidad, patriotismo y sin cálculos electorales ni tratar de repartir el coste electoral con otros porque no hay tiempo para componendas. Así como en la antigua fórmula de juramento militar se respondía a quien juraba “Si cumplis Dios os lo premie y si no lo hiciereis, os lo demande”, seguro que el pueblo español responderá con el premio o el castigo electoral a quienes sacrifiquen sus intereses personales a los intereses de nuestra nación.

domingo, 8 de abril de 2012

El sistema del botín



El título no va por el banquero (lagarto, lagarto) sino por el “spoil system”, que es como los americanos denominan al sistema en que el vencedor en política ocupa legítimamente los puestos institucionales cuando llega al poder. Tiene la ventaja de que quien accede a un cargo público sabe que es temporal, y si lo hace mal ganarán los contrarios dándole el finiquito. Posteriormente giraron hacia la elección meritocrática, dejando el dedo para determinados puesto del más alto rango.

Pero España es diferente y algunos defienden ahora una tercera vía, combinación de lo peor de una y otra. Consiste en que cuando ganan los míos me apañan una canonjía y cuando pierden que no me lo toquen los otros, porque eso es revanchismo y falta de talante democrático.

Dicen que Franco mando el motorista con el cartucho del cese a uno de sus ministros y éste, poco conforme con la patada, le pidió explicaciones, recibiendo del gallego la curiosa respuesta “es que vienen a por nosotros”. Pues eso va a ser, que los nuevos vienen a por los de antes. Lo extraño es que los enchufados se piensen que el momio es para siempre. Sin embargo, vemos a cargos políticos y colocados en empresas públicas quejándose lastimeros cuando les llega la hora del desahucio.

Los peores son los periodistas, que hacen de su despido un delito de lesa libertad de expresión. “Cómo me van a despedir a mí, profesional independiente y de reconocida valía?” dicen los que eran la voz de su amo en los distintos medios públicos. Y por ahí andan, llamando a la rebelión en Twitter. Cualquier plumífero se cree con derecho a emular a Rosa María Mateos, que debutó en el periodismo cubriendo la comunión de Alfonso XIII y cien gobiernos más tarde seguía con los informativos, que sólo le faltaba darlos sentada en una camilla haciendo punto.

Pero en el tema del enchufe vitalicio los aventajados son, una vez más, los socialistas andaluces quienes, tras anularles el Tribunal Superior de Justicia aquellas oposiciones en que los interinos (los suyos) podían sacar plaza con un 2,5 pelado, dejaron de convocarlas y metieron a sus compinches a dedo en todos los ámbitos de la Junta. Ahora intentan blindarlos por la puerta de atrás, con el consiguiente cabreo de los funcionarios de carrera, todavía con el culo plano por las horas de estudio y preparación.

Son tiempos de profundos cambios y, cuando en el estatuto funcionarial se discute la inamovilidad del empleado público, estaría bueno que los puestos de libre designación se conservaran hasta la edad de jubilarse. Como solución, yo recomendaría a los políticos y su gente de confianza jurar el cargo con la Biblia abierta por el pasaje en el que Job, tras ser despojado por Dios de todos sus bienes, se resignaba diciendo mientras el chucho le lamía las llagas: “el Señor me lo dio, el Señor me lo quitó… alabado sea el Señor”.

jueves, 29 de marzo de 2012

El capricho andaluz



Mis predicciones sobre el resultado de las autonómicas andaluzas han sido tan poco acertadas como las encuestas previas, y no acabo de comprender qué ha pasado allí abajo. No me creo el argumento de que ha sido la reforma laboral la causante del resultado. El fracaso de la huelga general muestra otra cosa, y no olvidemos las elecciones asturianas donde no se ha producido un castigo al PP sino a Cascos. Cuanto menos en Andalucía, con un enorme porcentaje de población laboral a la que no afecta la reforma porque o depende de un empleo público o está en paro.

Es difícil descifrar las claves del “capricho andaluz” pues hay un factor que distorsiona todo: el PP ha presentado como candidato para la regeneración de Andalucía al ejemplar típico de señorito cortijero, pasaporte seguro al desastre. El bronceado, las camisas de rayas y los logos de caballitos en el más puro estilo pijo sevillano no son lo más apropiado para pedir el voto rural.

Pero quizá no sea justo echar la culpa de todo al candidato pepero. Algo pasa en Andalucía para que no se descalabre un partido corrupto y confeso encabezado por un candidato igualmente corrompido hasta la médula. Cierto que los valencianos tampoco castigaron los casos de corrupción, pero una cosa es evidente: la corrupción andaluza es cuantitativa y cualitativamente distinta a las demás. Que un director general y su chófer se pulan en cocaína unas subvenciones millonarias, concedidas a dedo y sin expediente administrativo a este último, es algo impensable en el resto de España.

Va a ser que Andalucía es así. Se puede poner a un hermano sin oficio ni beneficio en un despacho oficial para apañar subvenciones; se puede votar a un alcalde que gestiona los papeles del ayuntamiento desde el despacho de su partido particular al alimón con los de su equipo de fútbol; o se pueden hacer unas autovías que son intransitables a los pocos meses de inaugurarse porque las comisiones se han comido el asfalto.

A esa permisividad moral y su traducción en votos no es ajena la red de clientelismo creada en 30 años por el PSOE andaluz: pobres y ricos, señoritos y peones, industriales y autónomos, todos tienen razones para mirar a un lado por tener un hijo, hermano o cónyuge que debe favores a los poderes públicos. Veremos lo que le dicen a Griñan cuando todo salte por los aires en esta legislatura en que, ahora sí, no hay dinero para pagar la fiesta.

En fin, son tantas circunstancias que nadie sabrá nunca cual fue la decisiva. En todo caso, el resultado electoral no es sino una manifestación del fracaso de una sociedad, la andaluza, con una enfermedad moral que le lleva a la aceptación de un cacique tras otro sin dar el salto para dirigir su propio destino. A lo mejor cuando lo haga descubre los beneficios de poner en valor sus inmensos recursos y deja de estar por detrás de regiones que han progresado gracias a su iniciativa privada sin tenerlos, como Castilla-León o Navarra, por poner un par de ejemplos.

martes, 28 de febrero de 2012

Arriando las velas.



Caigo en la pedantería de despedirme públicamente de los lectores del blog, como si éste fuera algo importante, por respeto al puñado de seguidores del mismo que se han convertido en amigos, si no lo eran ya, y a los que he creído necesario darles una explicación de las razones para dejarlo temporalmente en dique seco.

Un año después de su inicio termina esta andadura. El compromiso no escrito de publicar un par de post por semana se ha convertido en una obligación añadida a las innumerables tareas que supone el proyecto empresarial en el que andamos embarcados. La necesidad de reservar las energías restantes para la familia es la mejor razón para aparcar este escaparate de ideas hasta que las aguas corran más tranquilas.

Además, el blog corría el riesgo de convertirse en un espacio político o en la válvula de escape de los cabreos producidos por la lectura de la prensa, y tampoco se trata de añadir leña al fuego en tiempos en que todos debemos sumar y animar.

Para cerrar el círculo, solamente decir que sigo con el convencimiento de que quejarse del viento no conduce a nada y que ajustando las velas llegaremos a nuestro destino. La esperanza de arribar a buen puerto es la fuerza que debe permitirnos completar nuestra singladura vital y dejar en el mar una estela que perdure.

Gracias a todos los que habéis dedicado algo de vuestro tiempo a seguirme y confío en que más pronto que tarde vuelva a ponernos en contacto este blog u otro foro mejor.
Hasta la vista.

lunes, 27 de febrero de 2012

El tahúr de Palma



“Y el no llegar da dolor… más ay de ti se te pasas, si te pasas es peor”. Así explicaba Don Mendo sus problemas con el juego de las siete y media en la famosa comedia. En parecido lance se encuentra nuestra monarquía, porque no se ve la manera de que la apuesta del Duque de Palma resulte ganadora.

Si no llega a conseguir endosarle el muerto a su socio, y acaba con sus huesos en la cárcel, el golpe para la Corona española será terrible, por las críticas y chistes que pueden circular sobre un Urdangarín en pijama de rayas. Pero ay de él, o mejor dicho de su suegro, si se pasa y sale del juzgado absuelto o con la causa prescrita o archivada. Porque a estas alturas no hay un español que no piense que sólo saldrá libre si, como nos tememos, no somos todos iguales ante la Ley.

El destino de la Corona, como el de los equipos que fallan en los primeros partidos de una fase de clasificación, ya no depende de sus propios resultados sino del de los demás. Si Rajoy endereza la economía, es posible que los españoles olvidemos las miserias de nuestra Monarquía y el tiempo sane los pecados de Urdangarín y la Infanta, socia y secretaria en los negocios. De lo contrario, será difícil que un país con dificultades y harto de sus políticos aguante el espectáculo de una familia real sonriente y feliz, cuando algunos de sus miembros forman parte del bando de los “trincones”, que tanto perjuicio han causado. Su mejor defensa será, tristemente, lo engorroso del procedimiento de "desahucio real", con trámites más complicados que los aplicables a quienes no pagan la hipoteca.

Porque aunque griten mucho, son muy pocos los partidarios de una 3ª República, y menos con una bandera tricolor ajena al pueblo español y de infausto recuerdo. Pero esta posibilidad depende, más que de la fuerza de los republicanos, de la debilidad de una monarquía que ha dilapidado su mayor capital, el prestigio.

Se cumple otra vez la frase “los Borbones nunca aprenden y nunca olvidan”. El Rey, en lugar de tapar los atropellos de su yerno, debía haberlos impedido. No ha aprendido que, si los pocos republicanos que había en tiempos de su abuelo proclamaron la República, tras unas elecciones en que no se decidía la forma del Estado, fue porque no hubo ni una pareja de guardias civiles dispuestos a defender el trono. Gracias entre otras cosas al caso Urdangarín, tampoco habrá nadie que lo haga si se vuelve a plantear la ocasión.

Berlín



Cuando Berlín fue bombardeada por los aliados en la 2ª G.M. no quedó casi nada en pie que permitiera recordar lo que había sido la capital alemana. Tal magnitud tuvo la catástrofe, que los taxistas no reconocían las calles de su ciudad. Imaginad la desesperación de unos ciudadanos que se veían sin nada y con la incertidumbre del vencido, a merced de un enemigo cuyos propósitos ignoraban.

Las ciudades españolas tienen hoy sus edificios más cuidados y limpios que nunca y no hay peligro de bombardeos, ni de que un enemigo extranjero pise nuestro suelo. Sin embargo el estado de desánimo no es muy distinto del que debían sentir los alemanes hace poco más de medio siglo. Efectivamente, se ha apoderado de los españoles un pesimismo contagioso que ha llevado a que ya ni siquiera los gurús del optimismo se atrevan a manifestarse, temerosos de parecer fuera de tono.

Por el contrario, se erigen en pregoneros de la hecatombe los mismos que, cinco años atrás, llamaban cenizo y antipatriota a cualquiera que se atreviera a decir que venía una borrasca y era necesario tomar medidas. Sindicalistas de a 180.000 euros y políticos fracasados ponen el grito en el cielo y llaman a la revuelta contra cualquier posible solución a los males que ellos más que nadie han contribuido a crear, en una reedición del dicho absolutista “después de mí el diluvio”. Y para rematar la faena, los medios han entrado al trapo de las lamentaciones con un entusiasmo digno de mejor causa. Algunos locutores parecerían encantados de narrar en directo la noticia del fin del mundo según el calendario maya.

Pues bien, volviendo al principio, hoy los berlineses disfrutan de una ciudad convertida en el centro económico de Europa. Y no hay ninguna razón para que nosotros no podamos superar la crisis como hicieron ellos. La historia nos dice que los pueblos con voluntad de superar los obstáculos siempre lo han conseguido. Ignoremos a quienes, tras haber pilotado un proyecto fallido, en lugar de apartarse y permitir que otros tomen el timón para conducirnos a buen puerto, pretenden hacernos caer en la desesperanza y el nihilismo. Conseguir de nuevo que España sea un país próspero y respetado solo depende de nuestras ganas de levantarnos otra vez.

Nada de lo que merece la pena se consigue sin esfuerzo y no ayudan a comenzar la tarea las lamentaciones de muchos a los que les es aplicable el dicho “la rueda más estropeada del carro es la que hace más ruido.” Así que, ya puestos, nos apretamos los machos y salimos de casa llorados y peinados, porque hace mucho frío y la mejor forma de entrar en calor es moviéndose, aunque sea en círculo.

sábado, 25 de febrero de 2012

Reformando que es gerundio



Esto de las reformas tiene miga. A unos no les gustan nada, a otros pocos y la mayoría contenemos la respiración mientras nos santiguamos para que funcionen. Mas lo cierto es que cuando tu casa es una ruina absoluta o te cambias de casa, lo que en este caso supone emigrar a Alemania, o la reformas de arriba a abajo.

Además, parece que de una vez por todas se están enfocando los verdaderos problemas de nuestra economía: gasto público disparado, burbuja inmobiliaria, falta de liquidez y rigideces de los mercados, incluido el laboral. El desmadre en el gasto de las administraciones, incluidos falsos ERES, Institutos Noos y similares, ha provocado la ruina de éstas y el impago generalizado a proveedores. La burbuja inmobiliaria tiene lastrados los balances de los bancos haciendo que no puedan financiar a consumidores y empresas. Las dos circunstancias anteriores han motivado una falta de liquidez que ha paralizado la economía porque una economía sin dinero es como un cuerpo sin sangre. Y las rigideces en la regulación y burocracia, en un mundo que cambia a toda prisa, son otro dardo paralizante clavado en el costado de nuestra economía.

¿Donde dejo el paro y la deuda? Esos no son causa sino consecuencia de todo lo demás. Si las administraciones no pagan, los bancos no financian y la regulación es un muro, las empresas cierran y no se abren otras. Y sin actividad privada no hay empleo ni ingresos públicos. Cuando las empresas tengan facilidades crearán riqueza y empleo.

Al menos este gobierno tiene claro que es el sector privado quien sostiene al público y no al revés. Porque cuando escucho a los sindicatos diciendo que la receta es aumentar el gasto y el empleo de las administraciones se me ponen los pelos de punta. ¿Se enterarán algún día de que no se pueden conseguir resultados distintos haciendo lo mismo que nos ha llevado al desastre?

¿Funcionarán las medidas? Pues la bola de cristal se me rompió y todavía no me han traído la nueva, pero al menos el sistema tiene lógica. Hay gente dispuesta a tomar iniciativas y echarse el país a las espaldas pero tienen que darse un mínimo de condiciones. Yo creo firmemente que vamos a salir de esta, y que será más pronto que tarde. Nos dejaremos unos cuantos pelos en la gatera pero siempre será mejor que dejarse el pellejo entero. Así que, visto el nuevo plano del edificio, toca coger la paleta y el mortero y arrimar el hombro porque cuanto antes empecemos antes terminaremos.

Y, sobre todo y contra todo, seamos optimistas porque no parece muy útil ser otra cosa.