jueves, 27 de agosto de 2015

¿El estornudo de China hará que se constipe el mundo?



El crack de la bolsa china se ha contagiado al resto de bolsas mundiales, que ven como sus valores pierden las ganancias acumuladas en el año. Ante eso, muchos se preguntan si el hundimiento de la economía china puede arrastrar a la economía mundial. Algunos incluso dicen que esto no es sino la manifestación de una crisis sistémica a nivel global.Dejemos los catastrofismos a un lado, porque los acontecimientos de estos días eran previsibles. Tan previsibles que algunos lo predijimos mucho tiempo atrás.

Hace ya cuatro años (http://ajustandolasvelas.blogspot.com.es/2011/10/tocara-la-china.html)  cuando China era el centro de todas las miradas de admiración, advertíamos de su próximo declive, basándonos en la existencia de unos parámetros económicos inaceptables en cualquier país desarrollado:enorme desigualdad económica, gobierno dictatorial y gerontocrático; ausencia absoluta de derechos laborales, censura en Internet y una enorme burbuja inmobiliaria.

Y hace dos, (http://ajustandolasvelas.blogspot.com.es/2013/11/la-caida-del-imperio-amarillo.html) predijimos  que, como apuntaban algunos analistas a quienes los árboles no les impidieron ver el bosque, China iba a ser protagonista de una caída sonada y de consecuencias imprevisibles.

Por las mismas razones que entonces, podemos afirmar, sin demasiado temor a equivocarnos, que la caída del gigante amarillo no va a suponer la caída de Occidente. Y no son otras que el que la economía china es radicalmente distinta a las occidentales. China no deja de ser una sociedad con una economía industrial propia del siglo XX, basada en una mano de obra barata y poco cualificada, incapaz de competir en los sectores punteros del siglo XXI, que requieren un uso intensivo del conocimiento. Uso que además es poco compatible con la falta de libertad de China y su estado hiperintervencionista, que sigue restringiendo a sus ciudadanos el acceso a Internet.

Además, China, a pesar de permanecer anclada en la sociedad industrial cuando el mundo camina con paso firme por la Sociedad de la Información, ni siquiera es estrictamente una potencia industrial. Claro que produce una ingente cantidad de cosas, pero son de poco valor, producidas por encargo u obsoletas, cuando no burdas copias. Basta con ver los automóviles chinos para darse cuenta del estado de su producción industrial.

Es cierto que en una economía global el mundo está conectado. Pero si nadie se sorprendía hace unos años cuando lo países emergentes vivían momentos de esplendor mientras las economías desarrolladas pasaban la mayor crisis desde 1929, no debe sorprendernos que hoy las economías occidentales estén en pleno proceso de crecimiento mientras China y los emergentes son presa de un declive originado por sus problemas estructurales. Problemas que persistirán porque, por mucho que se empeñe el gobierno chino en adoptar medidas intervencionistas en forma de devaluación y similares, esas medidas no podrán tapar la realidad: China es un gigante con pies de barro.

Por ello, aunque no es una buena noticia que el gigante chino se desplome sobre sus débiles pies, tampoco debemos tomarlo muy a pecho. No se trata de alegrarse del mal ajeno, pero en este caso puede tener incluso consecuencias positivas, en forma de bajada de materias primas, consecuencias que debemos aprovechar para ser más competitivos.

Seguramente tendremos un período de turbulencia bursátil, pero no va a ser comparable al de las bolsas orientales, que se han desplomado un 50%, mientras que las occidentales no llegan al 10%. Así que dejemos de preocuparnos por los estornudos ajenos y sigamos a lo nuestro, porque las cotizaciones bursátiles reflejan, sobre todo, el esfuerzo de quienes trabajan en las empresas cotizadas.

lunes, 4 de mayo de 2015

Ciudadanos o la nada.



Con la crisis presunta de los partidos tradicionales de “la casta”, asistimos a un nuevo panorama donde florecen alternativas de todo tipo y condición. Incluidas propuestas chavistas, que amenazan con llevarse por delante el orden establecido y nuestro modelo constitucional que, tras haber conseguido una transición modélica, es tachado ahora de fraudulento y franquista por los discípulos del bolivarianismo.

Con el deshinchamiento de Podemos surge otra burbuja (definitivamente España es un país de burbujas) liderada por Albert Rivera. Reconozco que la nueva alternativa es más atractiva que la anterior. No en vano, al coletas se le veía a la legua la caspa ególatra y totalitaria, como decíamos en un post de julio del año pasado. En cambio, a mí Rivera me gustó al principio: su verbo fácil, su valentía y su aparente honradez eran un soplo de aire fresco entre la inmundicia que afloraba en el mundo de la política.

Pero, al ver su incipiente estructura, se me han caído los palos del sombrajo. Resulta que, entre los cuadros de Ciudadanos, nos encontramos con una brillante colección de deshechos políticos de toda ideología y condición, incluyendo viejas glorias y algunos de los mayores  arrimateguis (en euskera, los que se  arriman al poder) del panorama nacional. Así, la candidata que más cerca me cae, la extremeña, es una veterana profesional del transfuguismo. Pero es que resulta que en Andalucía, y algunos sitios más de los que tengo referencias, se dan las mismas circunstancias.

"Bueno -dicen algunos- es lógico que al faltar estructura se cuelen indeseables, aunque el proyecto es muy bueno”. El problema es que hay muchos indeseables y que los proyectos los hacen las personas. También se dice que la cúpula central son unos tipos brillantes, y te citan a Luis Garicano y al propio Albert.  Garicano tendrá un gran currículum académico (la London School of Economics y todo eso) pero reconozco que me parece un pedante que presume de tener la solución a la economía del país en la cabeza, cuando no ha gestionado ni una tienda de chucherías. En cuanto a Rivera, tras ver su historial en la Wikipedia, lo único que me ha quedado claro es que es un profesional de la política, otro más. Eso sí, ganó el concurso de debates nacional universitario, lo que explica que tenga respuesta para todo.

Empiezo a pensar en una fantástica operación de marketing que, en vez de envolver un producto tan apolillado como el que vendía Podemos, promociona otro distinto, aunque también conocido: la nada. Porque nadie sabe en qué consiste el proyecto de Ciudadanos, fuera de anécdotas como legalizar la prostitución o sustituir el AVE por un Silicon Valley. No sabemos si son liberales o intervencionistas, si subirán o bajarán los impuestos o las pensiones, si flexibilizarán o endurecerán el despido. En la página web dicen que son socio-liberales y socialistas democráticos, lo que es tanto como mezclar el agua y el aceite. Para el gran público, que no lee su página, dicen que son de centro, como todos. Lo curioso de los partidos que han venido a acabar con el bipartidismo es que, a fuerza de querer ocupar todo el espectro político no mojándose, pretenden sustituirlo por el monopartidismo. Con un par!

La impresión que me da es la de un partido donde, como el Iznogud de los comics de Goscinny, al final lo único que pretenden es “ser califas en lugar del califa”.

Para remate, nos enteramos de que en Andalucía, ejemplo de corrupción institucional, el candidato de Ciudadanos se ofrece a apoyar la candidatura de Susana Díaz a cambio de la firma de un “pacto anticorrupción”, que contempla, entre otras cosas, el cambio del Código penal o de las normas de financiación de los partidos. Y eso estaría muy bien si no fuera porque las autonomías no tienen competencias para modificar esas materias, lo que nos lleva a pensar que, o bien los de Ciudadanos son unos completos aficionados y no se enteran de qué va la película, o bien se enteran perfectamente y nos venden humo para tocar poder.

Me llama mucho la atención esa querencia de los españoles a dejarse seducir por cantos de sirena, sin molestarse en investigar si el canto conduce al paraíso o a las rocas y el abismo, como las de Ulises. Yo, por si acaso, me voy a poner cera en los oídos y seguiré expectante a ver en qué consiste este invento. Porque entre el bipartidismo y el monopartidismo de la nada, me quedo con el bipartidismo. Será que me hago mayor, pero los experimentos políticos los prefiero con gaseosa.
 
"Timeo nadaos et dona ferentes" (desconfío de los griegos aunque vengan con regalos)
                                                                -Virgilio-

domingo, 19 de abril de 2015

Tenemos los políticos que nos merecemos?




Los españoles andamos en perpetuo sobresalto ante el rosario de casos de corrupción que no dejan de saltar a la primera plana de los medios. Y, como beatas ante la aparición de la furcia del pueblo en misa de 12, nos echamos las manos a la cabeza pensando en qué país vivimos.

Yo dejaría de preocuparme por la detención de los corruptos cogidos con las manos en la masa, pues ese es el mejor síntoma de la existencia de un Estado de Derecho. Me preocuparía más de la parte que nos toca a cada uno en este circo de inmoralidad en el que nos hemos movido estos años y en las causas que lo han motivado. Porque pensar que, unos cuantos políticos sinvergüenzas, han estado robando la cartera a toda la ciudadanía inocente es, además de una simpleza, un ejercicio de hipocresía para tranquilizar nuestras conciencias, pero no contribuye a limpiar el patio de la podredumbre que lo cubre. El colmo del cinismo es tratar de ligar la corrupción a unas siglas concretas cuando aquí, desde el primero al último que ha tenido ocasión de trincar, lo ha hecho. Bueno, alguno de los nuevos lo hizo antes de tener ocasión, que ya es para nota.
Lo cierto es que una gran mayoría, por acción u omisión, hemos sido partícipes de la corrupción. No son más corruptos Chávez o Griñan que los centenares de beneficiarios de los EREs falsos, que se llevaban a casa una indemnización por despido de un trabajo que nunca habían desempeñado y una pensión vitalicia sin cotización previa. Ni lo es más el ex-ministro Mata, o los políticos valencianos que adjudicaba contrataciones bajo comisión, que los empresarios que las pagaban y los subcontratistas que sabían para quien trabajaban. Tampoco cabe dejar de lado a los golfos sindicales y patronales, tanto de la cúpula como de la base, que han colaborado a esta España de ni-nis metiéndose en el bolsillo los fondos de formación, mientras se quejaban de la falta de empleo y mano de obra cualificada. Por no hablar de la multitud de enchufados a dedo, sin otro merecimiento que un currículum en blanco, por esos políticos ahora en la picota. Y, por supuesto, no olvidemos a los familiares y votantes de todos los anteriores.
En cuanto a las causas que nos han llevado a esta situación, sería demasiado simple designar una sola. Se me ocurre en primer lugar la caída en desuso de los viejos principios de honradez, esfuerzo y mérito, que nuestros mayores tenían interiorizados. Ellos sabían de la necesidad de esforzarse para conseguir las cosas y no entendían de atajos, “pelotazos” y demás subterfugios para forrarse sin justificación alguna.
Muy unido a lo anterior está la nueva tendencia de considerar que la sociedad todo nos lo debe por “dignidad”, desde un trabajo acorde a nuestros deseos, a una vivienda en propiedad con el agua, la luz y la calefacción pagadas. El colmo de ese disparate es considerar que los demás, sí, porque “la sociedad” son los demás, están obligados a proporcionarnos un sueldo sin necesidad de que movamos un dedo para ganarlo.  Demoledora una frase de Díaz Villanueva que decía que “una sociedad que llega a plantearse algo tan disparatado como la renta básica es que se encuentra en estado terminal, es que ha definido ya con precisión la línea que separa a los zánganos de los obreros”. Porque la renta básica supone la sustitución del principio tradicional según el cual “el trabajo dignifica al hombre” por otro que sonrojaría a nuestros ancestros: “lo que dignifica al hombre es vivir bien, aun a costa del esfuerzo de los demás”.
A ver si va a resultar que los españoles, sustituyendo los valores individuales por esos valores colectivos que a tan poco obligan, hemos conseguido que España sea un país poco honrado que tiene los políticos que se merece. Dejemos de escandalizarnos por los políticos corruptos que entran en prisión y procuremos escandalizarnos ante los corruptos, políticos o no, que andan a nuestro alrededor o dentro de nosotros. No nos precipitemos en tirarle piedras a la pecadora pública que trastorna nuestra paz de espíritu, que eso es misión de los jueces, y hagamos un poco de examen de conciencia, no vaya a ser que al final tengamos que darnos con la piedra en la cabeza.

domingo, 8 de febrero de 2015

La caída de Podemos.


 

Hace siete meses, en plena efervescencia de Podemos, escribía en este blog, http://ajustandolasvelas.blogspot.com.es/2014/07/miedo-podemos-quien-dijo-miedo.html , las razones por las que no había que tener miedo al triunfo de este nuevo fenómeno: la diferencia entre España y las repúblicas bananeras caldo de cultivo de los regímenes populistas, la poca representatividad de las elecciones europeas,  la falta de una estructura orgánica, la debilidad de su líder, la impredecibilidad de las redes sociales y la falta de una estrategia inteligente y a largo plazo.
Pues bien, mis predicciones se han ido cumpliendo en un plazo mucho más corto del que esperaba. Así, hemos visto la verdadera cara de Pablo Iglesias, un ególatra cansino y poco original (desde su lema, “yes, we can”, a sus muletillas, “casta” o “tic,tac,tic,tac”, son copiados) que en su soberbia se permite insultar a los periodistas que le hacen preguntas molestas. No puedo imaginar lo que se diría si Rajoy, Pedro Sánchez o Rosa Díaz se atrevieran a llamar Don Pantuflo a un entrevistador que les incomodara.
También hemos comprobado su incapacidad de concurrir a las elecciones municipales por falta de un equipo de gente presentable, justificado con  la curiosa teoría de no presentar candidatos para “preservar la marca”. Su intento fallido de fagocitar a IU en Madrid no era otra cosa que tratar de suplir esa carencia. Y su gran acto de afirmación en Sol ha constituido un sonado fracaso de asistentes, tanto en su número (50.000 cuando esperaban 500.000) como en su género (allí no estaba la ciudadanía corriente, sino una multitud de frikis antisistema y republicanos trasnochados).
Del vuelco de la corriente de opinión favorable a Podemos en las redes sociales son buena muestra hastags como #PodemosNoGanara #Casta20015 #MonederoCorrupcion y otros que han sido trending topic. En este sentido, ver las disparatadas opiniones en las redes de Circulos como el de Anchuelo, Podemos Vallekano y otros, ha sido muy clarificador de la clase de gente que apoya a Podemos.
En cuanto a su estrategia de arremeter contra todos y todos, calificando de casta o fascista a cualquiera que opinara de forma distinta a ellos, ha conseguido unir a muchos periodistas, empresarios  y ciudadanos en un frente común antipodemos, que les está plantando cara con bastante éxito.
Este cambio de tendencia se ha visto enormemente favorecida por un aspecto que se ha ido revelando en las últimas semanas: los líderes de Podemos no han necesitado tocar poder para corromperse, porque ya venían corruptos de casa. Efectivamente, el cuarteto de ases que encabeza el movimiento está compuesto por cartas marcadas: Pablo Iglesias con su productora camuflada de ONG que facturaba y pagaba sueldos en negro, Errejón y su beca fraudulenta, Tania Sánchez, la consorte en proceso de imputación,  adjudicando a sus hermanos y a sí misma contratos y subvenciones a dedo y, el más destacado de todos, el ideólogo Monedero, cobrando de regímenes totalitarios cantidades millonarias que no declaraba a Hacienda. Por eso no creo que ni las elecciones europeas ni los favorables resultados de la encuesta del CIS de enero, elaborada con anterioridad a los escándalos del movimiento, sean  muy representativas de su verdadero músculo.
Es cierto que en su arsenal cuentan todavía con dos armas poderosísimas: la envidia española y la estupidez universal. La envidia de quienes, incapaces de sobreponerse a las adversidades que hemos padecido, ven la solución en el mal de los que están en mejor situación que ellos, y prefieren un país hundido para consolarse con el mal de muchos. Y la estupidez de los que, legítimamente indignados con nuestros políticos,  son capaces de excusar a Podemos por comportamientos inmorales idénticos a los de “la casta”; justificar la irrealidad de sus propuestas con argumentos tan surrealistas como “tranquilos que si llegan al poder no van a hacer todo lo que dicen”;  pretender que pueden conseguirles un empleo los mismos que en sus productoras y empresas no tenían un solo trabajador dado de alta; o pensar que las propuestas ideológicas que han llevado a Venezuela a la más absoluta miseria van a conseguir llevar a España a la prosperidad.
A pesar de ello, sigo confiando en el sentido común de la mayoría de los españoles, de todas las ideologías, que están siendo capaces de levantar un país hundido económica y moralmente, contra viento, marea y políticos, y hacer que hoy sea titular en la prensa europea como motor de la Eurozona. Porque Podemos es como las olas que, antes de morir en la playa, levantan mucha espuma pero tienen hueco el interior. Permanezcamos atentos para que no nos arrastre al romper.

martes, 23 de diciembre de 2014

Rayos brillando en la oscuridad.



A finales de 2014, muchos españoles se empeñan en ver negro donde, como mínimo, hay gris. Se empeñan en continuar lamiéndose las heridas de una crisis que va quedando atrás. En responsabilizar a la sociedad o a los políticos de no haber hecho nada para sanarlas mientras esperan que algún mesías, paradójicamente encarnado en forma de político, lo haga.
A todos ellos tengo que contarles lo que he visto en este año que termina.
He visto filas de camiones cargados llenando una A-5 donde hace un par de años solo se veía asfalto. He visto nuevas oportunidades de negocio que estaban esperando que alguien las descubriera. He visto a profesionales desempeñando trabajos inferiores a su cualificación con la esperanza de que fuera el trampolín a otro mejor, y a otros con magníficos trabajos cambiando de empresa para mejorar, sin importarles la incertidumbre ni su antigüedad en el anterior. He visto como, compañías que habían dejado proyectos abandonados por falta de presupuesto, nos llamaban para retomarlos. He visto, en fin, como había un cambio de tendencia evidente para todo el que esté dispuesto a salir del túnel en lugar de obcecarse en permanecer en él, culpando al mundo de no ver la luz.
Para los que están sentados, esperando que el destino venga a llamar a su puerta, sin decidirse a llamar a la puerta de un nuevo destino en el año que asoma "esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia."

miércoles, 22 de octubre de 2014

De Nicolasitos, Lazarillos, Buscones y pícaros en general.



Francisco Nicolás Gómez ha llenado las páginas de la prensa con sus andanzas de imberbe estafador, cuyo afán de protagonismo le llevaba desde las recepciones del Rey a reuniones con la gente del IBEX, o fotos con Aznar en la FAES, sin que nadie le invitara, ni falta que le hacía. Y no estuvo en la foto de las Azores porque no tenía edad para embarcarse sólo en el avión.
La figura del cara profesional es un clásico en este país, donde la gente se colaba en las bodas a comer de gañote sin otra invitación que presentarse a la familia del novio como invitado de la novia y viceversa. Yo conocí a un Nicolasito en mi etapa de estudiante, que se las arregló en el colegio mayor para montar una estafa piramidal por importe de algunos millones de pesetas entre los residentes más pudientes y sus padres, a quienes se aparecía como un crack financiero, impresionándolos con comilonas en el antiguo Maite Commodore de la Plaza  de los Delfines.
Aunque los españoles somos expertos en picaresca, fuera no nos van a la zaga, A la cumbre de Nicolasismo asistimos en el entierro de Mandela, con aquel negrito rechonchete simulando “urbi et orbe” la traducción para sordomudos del funeral, mientras gesticulaba con las manos haciendo el movimiento de “dar cera, limpiar cera” de Kárate Kid.
Lo que no acabo de es entender es por qué se ríe tanto la gente con las andanzas de Nicolás González mientras se toma en serio al Nicolás de la coleta, que se presenta como redentor y lo único que pretende es zamparse todo el banquete. Y no me refiero a los mangantes del 15M, que saben perfectamente de qué va la cosa, sino a los necios que se burlan de las fantasías de Nicolás y  se tragan las de Pablo, un profesor universitario que pretende tener él solito la clave para acabar con la corrupción, la crisis y las desigualdades sociales de golpe. Ah, y no se corta, dice que su fin es proporcionarnos la felicidad. A cambio de todo eso no pide un coche de escolta con luces azules, se conforma con que le entreguemos el país entero.
A mí, en el fondo, me hace mucha más gracia Francisco Nicolás, inclinándose ante el Rey, que Pablo Iglesias, cuya aspiración es que todos nos inclinemos ante él.

domingo, 5 de octubre de 2014

La empresaria machista.



Las declaraciones de Mónica Oriol, Presidenta del Círculo de Empresarios, han producido estos días un enorme revuelo. Esta señora se ha atrevido a decir que los empresarios  prefieren contratar a mujeres menores de 25 años o mayores de 45 para evitar las bajas por maternidad y las reducciones de jornada. Los medios no han tardado en crucificarla haciendo bueno el dicho de que “el tonto, cuando se le señala la luna mira el dedo”.
Porque cuando una mujer, empresaria de éxito y madre de seis hijos, osa decir algo así en un país en que impera la ley de lo políticamente correcto, solo un ciego puede obviar que hay una realidad que no podemos desconocer. Y la realidad es que al empresario titular de una micropyme (el 95% de las empresas españolas), con tres empleados por ejemplo, cuando uno de ellos se le da de baja por maternidad sin fecha de retorno, acaba de perder de golpe y porrazo la tercera parte  de su fuerza laboral. Imagina alguien a Telefónica, con una plantilla de 30.000 personas en España, si de repente se le dieran de baja 10.000?
Así, en lugar ejercitar la demagogia, sería mucho más inteligente ver la forma de conciliar los intereses en juego, que son muchos y muy importantes: la necesidad de proteger a la mujer que trabaja, la necesidad de que esa mujer pueda tener los hijos que quiera, que son el futuro de todos nosotros, y la necesidad de proteger el legítimo derecho del empresario a buscar lo mejor para su empresa.
La realidad es tozuda y se empeña en demostrarnos que cuando se traslada la carga de la conciliación sobre el empresario, éste hará lo posible para aligerarla dentro de la legalidad. Por eso, en lugar de llevarnos las manos a la cabeza por las declaraciones de Mónica Oriol, haríamos bien en empezar a preguntarnos cuáles son los fallos del sistema de conciliación y las medidas para corregirlos. Alguno debe tener cuando siempre se subvenciona la contratación de jóvenes y mayores, que son precisamente los que Oriol dice que prefiere contratar.
Pero seguiremos con debates sobre la renta básica, ese supuesto derecho a cobrar un sueldo de quien no quiere trabajar, y perderemos la oportunidad de abrir un debate serio sobre el problema de las mujeres que sí quieren trabajar y además tener hijos. En conclusión, la presidenta del círculo de empresarios ha señalado una luna del tamaño del Sol. Me temo que, como casi siempre, optaremos por la solución más tonta: mirar el dedo y matar a la mensajera.

martes, 30 de septiembre de 2014

El antropólogo parlamentario.


 
Hace unos días saltaba a la prensa regional la creación de una plaza de antropólogo en la administración autonómica extremeña. La noticia no tendría más trascendencia (los antropólogos también tienen que comer) si no fuera porque el organismo que la ha creado es… el Parlamento Autonómico. Preguntado el Presidente de la Asamblea por el tema, justificó la creación de la plaza con el argumento de que era necesaria  “para conocimiento de nuestros antepasados”. Yo tenía entendido que la función de la Asamblea era el control del gobierno y la aprobación de leyes, pero parece que el Estatuto de Autonomía y yo estábamos equivocados.
La creación de antropólogos parlamentarios no es más que un síntoma de la descomposición de nuestro Estado de las Autonomías, que ha pasado de convertirse en un medio de acercar la administración al ciudadano, a ser un medio de arrimar el ascua a la sardina de los políticos. Y así vemos a los catalanes robando envueltos en la Senyera, a los andaluces prejubilando a sus compadres a cuenta de falsos ERE´s, o a los valencianos montando aeropuertos para paseantes. Todo con cargo a nuestra cartera, que parece que se puede estirar hasta límites que no sospechábamos.
Aunque a lo mejor es necesario que contratemos antropólogos en nuestros parlamentos. Pero en lugar de estudiar a nuestros antepasados, que les da igual porque las leyes no son retroactivas, podrían estudiar a los parlamentarios, a ver si desentrañan el misterio del funcionamiento de sus cerebros. Y, ya puestos, podrían crear plazas de criminalistas o detectives, pues tal vez sean necesarios a la vista de los resultados.
Al final, esto de las autonomías se ha convertido en un engendro que ha perdido de vista su misión (ya ni les importa) y lo único de lo que se preocupan es de engordar a costa de lo que sea. Y lo preocupante es que tengan tan perdido el norte que ni siquiera se molesten en disimularlo, evitando contratar antropólogos o bailarinas (todo se andará). Yo ya he perdido toda esperanza de que sirvan para algo útil, porque con sus hechos se empeñan en demostrar que ningún camino es bueno para quien no sabe a dónde va.
 

 
 
 

domingo, 6 de julio de 2014

Miedo a Podemos? Quién dijo miedo?




El “efecto Podemos”, con su ruidosa irrupción en un escenario donde los papeles estaban adjudicados, ha provocado múltiples reacciones, que van desde la curiosidad y simpatía al rechazo más absoluto. Tras la sorpresa inicial, entre los demócratas ha cundido una sensación de inquietud que, en muchos casos, ha derivado en auténtico miedo. Y la cosa no sería para menos, habida cuenta de las intenciones de Pablo Iglesias y sus mariachis de instaurar en España un régimen bolivariano, a imagen y semejanza del implantado en Venezuela por su idolatrado Hugo Chávez (ese “hombre necesario” según sus propias palabras).
Pasadas unas semanas desde el éxito de Podemos en las elecciones europeas, hay poderosas razones para pensar que no estamos, como en las vísperas del comunismo, ante un “fantasma que recorre Europa”, sino ante una tormenta de verano que puede causar algunos destrozos pero pasará sin dejar otra cosa que un mal recuerdo.
La primera es que España no es el caldo de cultivo propicio para el desarrollo de Podemos. Para ganar unas elecciones no basta con criticar al contrario sino que hace falta una propuesta de valor que pueda ser comprada por los electores. Y un programa totalitario basado en ideas del S.XIX que ya fracasaron en el siglo XX no es vendible en la España actual. Eso solo lo puede comprar una sociedad del Tercer Mundo sin nada que perder y, guste o no, los españoles hemos construido una nación en la que un experimento bolivariano podría traernos pérdidas irreparables. Más cuando los síntomas de recuperación económica son una realidad evidente.
La segunda es que en las elecciones europeas los votantes no perciben ningún interés directo en juego, lo que les permite votar con la mayor frivolidad. Yo confieso haber votado a Ruiz Mateos en la europeas de 1989, cuando se paseaba por España vestido de Superman huyendo de la justicia (por cierto también consiguió nada menos que dos escaños). Además, la circunscripción única es el mejor escenario para el éxito de un experimento de estas características, escenario que sufrirá un cambio radical en unas elecciones generales con circunscripciones provinciales y Ley D´Hont.
La tercera es la falta de estructura de Podemos, que no deja de ser una pandilla de amigos que en una jugada brillante han dado un golpe de mano. Pero nada tiene que ver presentar una candidatura única con presentar candidatos en cientos de alcaldías y en unas elecciones generales. Les será muy difícil conseguirlos de la noche a la mañana y, aunque lo hagan, se les unirán muchos de los peores elementos que circulan por el panorama político y su extrarradio.  Desde la Revolución francesa, con sus “sans-culottes” y “tricoteuses”, a la Soviética, con unos soviets infestados de auténticos forajidos, los movimientos revolucionarios suelen acoger a muchos de los peores elementos de cada casa, atraídos por la ocasión de pescar en rio revuelto. Sin ir más lejos, en el 15-M de donde bebe Podemos, fueron los antisistema quienes se hicieron con los mandos, expulsando a los moderados. La compañía de elementos tan poco presentables como Monedero, su mano derecha, en una sociedad con tanta visibilidad como la actual pasará factura inevitablemente.
La cuarta razón de peso para augurar el fracaso de Podemos es la debilidad de su líder. Ese, a primera vista, personaje comprometido, dialécticamente brillante y líder de un proyecto nuevo y esperanzador, no está tardando en revelarse como lo que es: un demagogo con un discurso cansino y un concepto de sí mismo tan elevado que raya en el delirio de grandeza. Ello le llevará a cometer errores, tan graves como sus flirteos con ETA, que provocarán que los españoles lo derriben del pedestal, cosa a la que somos muy aficionados (que le pregunten a Aznar si no).
Una quinta razón es que la principal herramienta de su éxito electoral, las redes sociales, son un caballo indomable que puede volverse en su contra. Porque una cosa es que hayan hecho un habilísimo manejo de ellas en las europeas y otra, bien distinta, es que pueda controlarlas en adelante, cuando hasta la fecha nadie lo ha conseguido. Si la magnífica imagen de Coca-Cola, los maestros del marketing, se ha venido abajo en España por un ERE de sus partners, nada impide que las redes puedan volverse contra Podemos en cuanto empiece a equivocarse y ya lo está haciendo. Botón de muestra es el varapalo que, inintencionadamente, les ha dado Bertín Osborne sin más armas que su simpatía y franqueza.
Y por último que, en su soberbia, Pablo Iglesias no ha medido sus fuerzas, creándose multitud de enemigos antes de contar con los mínimos medios para vencerlos. Así ha arremetido de golpe contra todos, desde “la casta” a los poderes financieros, pasando por los medios de comunicación a los que, en otro alarde de torpeza, ha propuesto someter a control público. Si Pablo Iglesias hubiera leído a Sunt Zu y su “Arte de la guerra” sabría lo que no ignora cualquier estratega mediocre: que es necesario antes de atacar medir tus fuerzas y las del contrario, buscar alianzas, dividir al enemigo y hacerse invencible. Pues bien, Iglesias ha comenzado por el final, atacando a todos lanza en ristre como un Quijote con coleta, sin pararse a ver si lo que tiene delante son gigantes o molinos. El resultado no puede ser otro que ser volteado por las aspas de esos molinos y acabar por los suelos, maltrecho en un burro de vuelta al pueblo.
En suma, demasiados puntos débiles para afrontar con éxito una tarea tan enorme como conseguir el mando de un país desarrollado con 45 millones de habitantes. Ello no quiere decir que no pueda causar daños, el mayor de los cuales en mi opinión es haber eclipsado momentáneamente alternativas de regeneración serias como Ciudadans; ni que los partidarios de la libertad debamos cruzarnos de brazos ante este nuevo fenómeno. No debemos olvidar que si, en un país como Alemania, un tipo como Hitler pudo llegar al poder no fue debido a la abundancia de nazis sino a la falta o inacción de los demócratas. Pero una cosa es esa y otra que debamos asustarnos ante un Pablo Iglesias ensoberbecido por su éxito puntual. Pues como decía San Agustín, “la soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”.


lunes, 23 de junio de 2014

Soberbia roja.



El varapalo experimentado por la selección era predecible porque, de hecho, muchos lo predijeron. Desde que se hizo efectiva la elección por Del Bosque,  de los jugadores que debían representarnos, fueron muchas las voces que señalaron que se había optado por el pasado en lugar de por el presente. Y eso, en tiempos en que los cambios son muy rápidos y los demás aprenden de sus errores, es malo para los que se recrean en el espejo de los aciertos.
Las causas de la eliminación, o mejor del batacazo estrepitoso, no son tácticas, ni de sistemas, de falta de suerte, fallos puntuales de un jugador o baja forma de otros. Son mucho más sencillas y se pueden explicar simplemente por la suficiencia y soberbia de quienes, tras alcanzar el triunfo, se dedicaron a complacerse en él, en lugar de seguir trabajando en aquello que les permitió alcanzarlo.
Esa soberbia plasmada, en primer lugar, en una especie de apropiación del equipo, que dejó de ser España o la Selección para convertirse en la Roja, como si la nueva marca triunfadora fuese propiedad exclusiva de los protagonistas del tiki-taka. Y si bien es cierto que esta maravillosa generación de futbolistas nos ha dado los mayores momentos de gloria, no lo es menos que la Selección tiene una grandísima historia con la que los españoles hemos vibrado, y sufrido. La protagonizaron  jugadores como Marcelino o Kubala y, en lo que a mí me toca, como Zubizarreta, Juanito, Santillana, Lobo Carrasco, Maceda, Víctor, Salinas (sí, Salinas también) Baquero, Butragueño, Caminero, Michel, Raúl, Luis Enrique y tantos otros. Y la protagonizarán nuevos jugadores encargados de construir el futuro. Y ese corporativismo y orgullo, que en sí no son malos, se convierten en el germen del desastre cuando derivan en una burbuja que impide detectar las señales indicativas de que hay cosas que ya no funcionan.
Soberbia de pensar que el estilo de juego que nos ha proporcionado el éxito es la piedra filosofal y que nadie más puede interpretarlo igual, ni contrarrestarlo. Soberbia en el amiguismo de considerar la Roja como un cortijo en el que quienes han estado siempre, deben seguir estando con independencia de su estado de forma, apartando a otros que han mostrado mejor nivel. Soberbia en vender la piel del tigre antes de cazarlo, ofreciendo las primas más altas de las selecciones europeas, justificadas en que la liga española es la mejor, pero obviando que esa liga la hacen también jugadores de otras selecciones mundialistas que pagan mucho menos. Soberbia en la falta de preparación física y de aclimatación a la temperatura y humedad de los terrenos donde había que jugar, como hicieron otras selecciones, en la creencia de que a la Roja no le afectaban esas cosas. Soberbia en la falta de autocrítica, envueltos en una nube de periodistas aduladores, que condenaban al ostracismo, como reos de alta traición, a quien osara señalar con el dedo cuestiones como el varapalo ante Brasil en la Copa Confederaciones del año pasado.
En fin, parece claro que es el fin de ciclo de un equipo que ha dado todo a España, lo que hay que agradecerle sin mezquindad, y al que hay que reconocer su indudable valía. Pero ello no debe impedir tomar las decisiones necesarias para remediar la situación de descalabro actual. Y al margen de que unos jugadores se tendrán que ir y otros se quedarán, lo que debe abandonar la Selección es la prepotencia y la ceguera, que son el mayor impedimento para construir nuevamente un equipo ganador. Para eso sería bueno que los directivos y técnicos hicieran pronto la maleta si tienen vergüenza torera, como máximos responsables de un fracaso que no es en absoluto proporcionado a los mimbres con los que está dotado el fútbol español.
Todavía quedan resistencias al cambio, manifestadas en esos periodistas eufóricos por la victoria ante los tuercebotas australianos, diciendo que ha faltado “un poquito de suerte”. O esas tensiones en el vestuario cuando alguno ha entonado el “mea culpa”. O las palabras de Del Bosque echando bolas fuera. Pero en cuanto se venzan esas inercias y se materialicen los cambios en nuevas caras, nuevas ideas y, sobre todo, nuevas actitudes de humildad y esfuerzo, con la extraordinaria calidad que hay en el fútbol patrio no hay duda de que construiremos de nuevo un equipo campeón.
Podemoooos!!!