lunes, 21 de noviembre de 2011

¿Dimitir? Anda ya!


Sorprende la reacción de algunos líderes políticos ante la derrota. La asumen para que todo siga igual. Y cuando digo todo me refiero fundamentalmente a “ellos y sus circunstancias”, que diría Ortega. Recordemos que Rubalcaba se impuso como candidato de su partido amparándose en el aparato y sin pasar por el proceso de primarias que le pedía la aspirante Chacón, que no hacía otra cosa que seguir las prácticas de elección democrática de candidatos de la que presumía el PSOE.

Tras saltarse a la torera las primarias para cosechar una derrota aplastante, lo menos que debería hacer Rubalcaba es asumirla con mayúsculas poniendo de inmediato todos sus cargos, incluyendo el acta de diputado, a disposición de su partido.

Pero parece que eso de dimitir no se estila. En este país el político que fracasa pide disculpas y se pone a gestionar su fracaso, en lugar de apartarse para tratar de facilitar el triunfo de otro. Algún día tendremos que seguir el ejemplo de los americanos, que han llenado Florida de campos de golf para enviar allí a todos los expresidentes, candidatos fracasados a presidentes y similares, evitando que sucumban a la tentación de permanecer en la sombra manejando los hilos de quienes deben tomar las riendas en su lugar.

España es diferente, al menos en política, y en lugar de seguir la máxima “renovarse o morir”, nuestros políticos prefieren “morir antes que permitir la renovación”.

Bogad!



Se cumplieron los pronósticos y los españoles hemos decidido. Con una embarcación a punto de zozobrar, la tripulación ha desoído las propuestas de los que, después de ponerlos al borde del abismo, prometían llevarlos a puerto sin esfuerzo. No hay atajos, y la madurez del pueblo español lo ha comprendido así. De la crisis no vamos a salir pidiendo a Europa que nos dé dos años de margen mientras nos financia más gasto público, ni poniendo impuestos a los banqueros para crear empleo. Eso son los cantos de sirena que pueden embrujar a la marinería pero que, como en la Odisea, conducen al barco irremediablemente a zozobrar en los acantilados.

Ya nos lo ha dicho Bruselas: “España debe ayudarse a sí misma”. Y no es un mal consejo. Dejemos de esperar socorro del exterior y veamos qué podemos hacer nosotros. De ésta saldremos con esfuerzo y sacrificio colectivo. No hay empresa que valga la pena y se consiga sin esfuerzo, y la tarea que nos queda por delante es ingente. Pero eso debe hacer que el esfuerzo sea más llevadero, porque, efectivamente, la meta vale la pena. Nos jugamos nuestro futuro, el personal de cada uno, el de nuestros hijos y el de nuestra Patria, y ese estímulo debe ser suficiente para que cada uno arrime el hombro y ponga la parte de esfuerzo que le corresponde. No es hora de pedir sino de dar, y la solidaridad debemos reservarla para aquellos que realmente lo necesitan.

Queda por ver cómo encajarán esto los perdedores. Lo cierto es que en democracia todos están legitimados para hacerse oír, y el ganar las elecciones no supone ni siquiera que el ganador tenga razón. Pero de lo que no cabe duda es que el gobierno salido de las urnas tiene toda la legitimidad para llevar a cabo su programa, sin hipotecas derivadas de la ideología o la opinión de los que han perdido. Estos tienen dos alternativas: colaborar en el esfuerzo colectivo o apartarse y dejar que gobierne el barco la nueva tripulación. Por el bien de España esperemos que cojan su sitio en la bancada y remen con todas sus fuerzas.

Hoy, más que nunca, "ad astra per áspera".

domingo, 20 de noviembre de 2011

Del puchero electoral



El tema del día son las elecciones, y por eso no me queda más remedio que hablar de cocina. No hablo de cocinar las encuestas del CIS, materia en que, según la leyenda negra, era un experto Alfonso Guerra. Tampoco de cocinar directamente las elecciones. Ese es una arte culinario que dominaba como nadie el Conde de Romanones pero que, por suerte, ha desaparecido de la escena patria, aunque quedan todavía fogones en Ultramar. Los famosos cocineros Castro, el chef Chávez y algunos más son grandes exponentes de la cocina electoral caribeña.

Hablando de Romanones, aventajado cacique decimonónico, se cuenta que en su circunscripción electoral un rival político se le estaba adelantando en el proceso de dar pucherazo, y andaba comprando los votos de los vecinos. Los paniaguados del conde le advertían de que el rival les llevaba ventaja y que había que actuar. Éste les decía que no tuvieran prisa y, a escasas fechas del día de votación, fue por los pueblos preguntando a los electores: “¿Cuánto os ha dado fulano por votarle?”. Los paisanos le contestaban que tres pesetas, a lo cual replicaba el conde: “Menudo sinvergüenza y tacaño. Anda, devuélveme las tres pesetas, toma un duro y me votas a mí.”

Anécdotas aparte, en España el proceso electoral está fuera del peligro de ollas podridas, como consecuencia de una madurez democrática que garantiza nuestro derecho a la elección de los gobernantes legítimos y que, por lo mismo, nos impone la obligación de acatar el veredicto de las urnas. Esperemos que sean conscientes de esa obligación los que pretenden sustituir la máxima, no digo que única, expresión democrática por una supuesta legitimidad nacida de las calles o las redes sociales.

Bueno, como este tema me está dando hambre, voy a ver si desayuno antes de ir a votar.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Pronóstico no reservado



A dos días de la verbena electoral no me resisto a dar mi pronóstico, dado que es gratis y todos son ventajas. Si aciertas quedas como un gurú, y si te equivocas nadie se acuerda y tampoco importa un pimiento.

Pues dicho lo anterior, consultado mi oráculo de Don Benito, y vistas las encuestas, apuesto a que el resultado se va a parecer mucho más a un 2-1 que a otra cosa. O sea que Rajoy se lleva casi 200 escaños y Rubalcaba muy poquito más que 100. No es solo que lo digan los sondeos del Financial Times, es que se da una conjunción planetaria, en forma de hastío la situación y paro, que va a provocar una inmensa marea azul.

¿Y en Extremadura? Mi apuesta es por un 7-3 a favor del PP lo que supondrá la defenestración de Fernández Vara, que acompañará a Rubalcaba al limbo político.

En fin, las cartas están echadas y esperemos que a partir del lunes se abra un futuro esperanzador para España y que los que salgan de la urnas estén a la altura de la tarea pendiente.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Esto lo arreglamos entre casi todos.



El domingo pasado, la prensa extremeña se hacía eco de la denuncia de un emprendedor sobre el calvario burocrático sufrido durante dos años para poner en marcha un nuevo proyecto. A cuenta de la denuncia se atizaba de lo lindo al sector funcionarial, imputándole un absentismo generalizado (del 80% según la “víctima”) y buena parte de la culpa de los males patrios. No seré yo quien ponga la mano en el fuego por el funcionariado extremeño o nacional, porque he visto casos de desidia y golfería rayanos en el delito. Pero voy a romper una lanza por los miles de funcionarios, mucho más del 20%, que realizan su trabajo de forma aceptable, cuando no por encima de lo que se les podría pedir. Y lo hacen sin temor al castigo ni la promesa de una recompensa, que no hay, con el único aliciente de cumplir con su deber.

No creo en la teoría de que la culpa de nuestras desdichas la tienen los funcionarios. Es una tentación irresistible mirar a los otros cuando hay que buscar responsabilidades, pero señalar a un colectivo concreto no resolverá nuestros problemas aunque tranquilice nuestras conciencias. Sin intención de ser exhaustivo, me vienen a la cabeza otros responsables de que las cosas no funcionen tan bien como debieran.

Por supuesto nuestro gobierno, culpable de mentir a la ciudadanía desde el comienzo de la crisis e incapaz de adoptar medidas eficaces. Pero junto a él muchos de nuestros políticos, desde los que se limitan a aparecer por el Congreso los días de votación a los alcaldes sinvergüenzas y trincones de pueblos de unos pocos centenares de habitantes. Qué decir de los sindicatos, desde sus máximos responsables, que preparan huelgas generales en resorts de lujo, a los sindicalistas de base a los que nadie recuerda haber visto trabajar. Y de los empleados improductivos que dedican más tiempo al facebook y a las diversas formas de escaqueo que a desempeñar su trabajo. Tampoco se quedan atrás muchos directivos, más ocupados en apropiarse de los méritos ajenos y hacer la rosca a sus superiores que en aportar valor a sus empresas o a la sociedad. Ni algunos empresarios, pendientes del tráfico de influencias y la subvención, y no de competir en igualdad de condiciones. O los parados especialistas en Play Station, que se toman dos años sabáticos a costa del seguro de desempleo en lugar de formarse o buscar trabajo. O de los jóvenes que aun no han accedido al mercado laboral porque prefieren vivir de sus padres antes que aceptar un empleo que les obligue a trabajar los viernes por la tarde. Salvo los autónomos, pobres, que en cuanto dejan de echar horas se arruinan y dejan de serlo, en principio nadie está libre de sospecha.

En fin, ya está bien de hacer amigos. Lo que quiero decir es que es bueno que dejemos de mirar al extranjero como causa de nuestros males y como hipotética tabla de salvación. Pero puestos a interiorizar las causas reales de la crisis nacional, empecemos por hacer examen de conciencia partiendo de nosotros mismos, y seguro que encontramos muchas posibilidades de mejora. España está llena de gente con capacidad y ganas, y en cuanto nos libremos de algunas inercias y algunos caraduras conseguiremos la recuperación de nuestra economía y nuestra moral. Es hora de que miremos con simpatía al que se deja la piel en su trabajo y dejemos de justificar a los que, funcionarios o no, viven a costa del trabajo ajeno. Porque en momentos como los que estamos viviendo, los que no son parte de la solución son parte del problema.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Democracia vs mercado



La última moda consiste en afirmar que los mercados atentan contra la democracia. Y qué ejemplo más paradigmático que la Democracia griega, la primera de todas en el tiempo, herida de muerte por unos mercados, que son capaces de derribar líderes elegidos por el pueblo, para imponerle reformas económicas.

Es curiosa esta teoría, porque le da la vuelta a todo lo que conocíamos hasta ahora. Mercado y democracia han ido siempre unidos porque van naturalmente unidos. El mercado puede existir, aunque sea de forma imperfecta, sin democracia (China es un ejemplo) pero la democracia no puede existir sin mercado. Sin mercados hasta las necesidades básicas de la pirámide de Maslow, como comer y beber, no dependen de nuestras decisiones libres de oferta y demanda sino que vendrán dictadas por otros. Y, cuando se nos priva de la libertad económica, es una ilusión pensar que podemos mantener la libertad política de elegir los gobernantes y la forma en que deben ejercer el poder.

¿Entonces qué ha pasado? ¿Por qué determinados gobiernos están sujetos a la voluntad de otros que detentan el poder económico? La razón es sencilla, la libertad de elección conlleva responsabilidades y consecuencias. En un mundo globalizado todos dependemos de los demás, pero las relaciones de dependencia están muy determinadas por el modo en que se ha ejercido la libertad. Al igual que una persona es libre para endeudarse si quiere adquirir lo que no tiene, cuando se endeuda por encima de sus posibilidades empieza a renunciar a parcelas de libertad. No nos engañemos, la libertad hay que ganársela, y se pierde cuando se cambia por el bienestar con cargo al esfuerzo ajeno. No en vano siempre se ha dicho que el que paga manda. Y con los países pasa lo mismo. Pueden elegir gastar lo que tienen o gastar más, pero si eligen la segunda opción deberán acudir a los mercados financieros y atenerse a sus reglas.

En el ejemplo inicial, si hemos de creer a algunos, los pobres griegos han caído en manos de una exigente Merkel que les impone sacrificios injustos para no dejarlos caer en el abismo. Luego, cuando se hurga en la herida griega, aparecen agentes infecciosos muy peculiares. Así, los fraudes en las pensiones que cobraban miles de “pensionistas” fallecidos, los sueldos de 60.000 euros de los conductores del metro helenos, las compras de tanques americanos Abrams por importes milmillonarios, o el desorbitado número de Porsche Cayenne de Larisa, capital de Tesalía. Y todo ello pagado, naturalmente, con el dinero ahorrado por los demás europeos.

Entonces ¿hay que abandonar a su suerte a los que se equivocaron individual o colectivamente? Sinceramente no lo sé, pero de lo que estoy seguro es de que no se puede hacer recaer sobre las espaldas de los que han sido prudentes y acertaron, los errores de los que no lo han sido y erraron. Estos últimos podrán salir de su situación echando mano de su propio coraje y esfuerzo, o apelando a la solidaridad de los demás. Pero que no apelen a la Justicia porque, como señalaba el griego Aristóteles, no es justo que los que han hecho sacrificios y esfuerzos diferentes reciban recompensas iguales.

lunes, 7 de noviembre de 2011

“Mujeres, alcohol y pistolas" (banda sonora de Ennio Morricone)



Un estudio de la Universidad de Granada concluye que “aunque resulte inconcebible, un 28% de los universitarios españoles sigue recurriendo a conductas sexualmente coercitivas, como la de invitar a unas copas, para conseguir mantener relaciones sexuales con sus compañeras”. Los autores sospechan que “los comportamientos coercitivos vinculados con el alcohol tendrían mucho que ver no sólo con la situación, sino también con la ideología de género especialmente de los chicos, en concreto con su mayor o menor adhesión a lo que en la literatura especializada se conoce como mitos sobre la violación”.

Pues ya saben ustedes, si a alguno se le ocurre después de una cena romántica invitar a una copa a la chica, puede que, en lugar de responderle “¿en tu casa o en la mía?”, lo lleve al cuartelillo por ejercer sobre ella una conducta sexual coercitiva.

Yo no sé si estas ocurrencias son fruto de alguna reprimida o de un necio con problemas con las mujeres. Si le dijeran a Mae West, después de preguntarle a Cary Grant “llevas pistola o te alegras de verme”, que éste podría invitarla a una copa para debilitar su voluntad en el marco de un mito sobre la violación, seguramente la diva se partiría de risa y preguntaría que quién iba a violar a quién.

Pues 80 años después, los tipos más tontos de la Galaxia han decidido echar sobre sus hombros la pesada carga de proteger la virtud de las mujeres, aunque ahora la virtud se llame “voluntad contra conductas sexuales coercitivas”. Por cierto, son los mismos tarados que, en un ejercicio de coherencia, consideran que un maromo de 17 años puede dejar embarazada a una niña de 13 y llevársela de la mano a abortar sin que sus padres se enteren de la jugada.

Yo ya no entiendo nada. Ahora resulta que los que presumían de la liberación sexual femenina estiman que una fémina no puede tomarse un pelotazo de whisky antes de revolcarse con un noviete. Sólo les falta incapacitarlas y recluirlas, como especies protegidas, en el Zoo de la Casa de Campo. Lo único que me consuela es pensar que somos muchos los que empezamos a estar hartos de esta hornada de Pajines, Bibianas, profesores de Granada y demás mojigatos que te condenan al ostracismo por encender un pitillo, a galeras por comerte una hamburguesa XXL, o al mismo infierno si se te escapa una mirada al escote de una maciza.

Definitivamente, en España no cabe un tonto más.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Del 20-N: Hundimiento y esperanza.



El lunes se celebra el debate entre Rajoy y Rubalcaba, aperitivo para el amargo banquete electoral del día 20. Amargo porque el botín electoral es el menos apetecible que se ha servido en nuestra historia democrática. En cualquier caso, alguien tiene que lidiar el toro, y las encuestas coinciden unánimemente en que el diestro será Rajoy, porque la distancia que le separa de Rubalcaba es insalvable y solo puede aumentar.

Pero no hacen falta encuestas. Sólo algunos periodistas y analistas de esos que viven en la nube y se miran al ombligo mutuamente, pueden pensar que todavía queda partido, o que algún imprevisto o el voto indeciso del que habla José Blanco, el único en este país a quien pagan por repostar, pueden dar “chance” al PSOE.

La realidad está a la vista de todos, cinco millones de parados, cientos de miles de empresarios que han cerrado sus negocios, funcionarios a los que se les ha machacado en el prestigio y en el bolsillo, dejándolos sin pagas extras y culpabilizándolos de la situación, instituciones casi en bancarrota y un gobierno que se debate entre la incompetencia absoluta y la corrupción. Por no hablar de los fracasos en las diversas políticas sectoriales: territorial (con el escándalo de Bildu en las instituciones), educativa, energética… y no sigo porque me deprimo.

¿De verdad alguien piensa que queda margen para la incertidumbre? ¿De verdad alguien cree que este infausto gobierno no ha tenido nada que ver en el desastre? ¿De verdad queda quien considera que se le puede echar la culpa de todo esto al neoliberalismo, a Aznar y al coco? ¿De verdad se puede advertir en Rubalcaba, al que me suena haber visto antes en alguna parte, al salvador que tiene la solución a nuestros problemas?

Si hay algo que me da esperanza es que el pueblo español va a demostrar su madurez castigando sin contemplaciones a los que nos han llevado a esta situación. Esto al menos nos diferencia de los países, en Hispanoamérica tenemos ejemplos notorios, que se empeñan en reelegir a los políticos que les hunden en la miseria, en una incomprensible espiral suicida. Y por eso creo que tenemos futuro, y que la marca España volverá a brillar con fuerza.

Quedan tiempos duros por delante y todos tendremos que arrimar el hombro. Nunca se habrá entregado el poder a un partido en una situación tan difícil. Pero ninguna empresa grande se consigue sin esfuerzo. Esperemos que quienes tienen que liderarnos en ese trayecto estén a la altura de las circunstancias.

Ad astra per aspera.

martes, 1 de noviembre de 2011

Esto lo arreglamos entre todos (cambiando el chip)


Algunos esperan que se arregle la crisis y que todo vuelva a estar “en orden”, es decir, como antes aunque sea con menos dinero. Otros, que ven que estamos ante un cambio de era, creen que la crisis es el peaje de una transición que terminará “cuando todo haya cambiado”. Así, caen en el mismo error, al pensar que se trata de pasar de un modelo estático a uno nuevo y diferente pero igualmente estático.

Lo que no acabamos de comprender es que, si crisis significa cambio en griego, hemos llegado a un punto en que la crisis es el nuevo estado natural de la Humanidad porque estamos en una fase de cambio continuo. La globalización hace que el efecto mariposa tenga sentido y, en un mundo donde el movimiento de uno afecta a todos, la existencia de 7.000 millones de saltimbanquis garantiza la agitación constante.

A muchos esta situación les molesta. Los sindicatos, por ejemplo, no admiten que los trabajadores de China o de la India pongan en peligro el modelo en el que se habían instalado y en el que viven muy cómodamente. Pero no se trata de que la idea de un mundo global nos guste o no, sino de que éste es real y, en consecuencia, el escenario en el que tenemos que actuar no lo delimitamos nosotros.

Eso supone que la añoranza del pasado es cada vez más inútil. No volverá ni falta que hace. La cuestión es afrontar el futuro y, por tanto, desaprender lo que conocíamos para aprender cosas nuevas constantemente. No podemos pensar que, en un mundo en continua ebullición, aprobar unas oposiciones o aprender un oficio o profesión, nos garantizará un status vitalicio.

Esperemos que la nostalgia por los tiempos perdidos se supere pronto y que, liberados de ella, una nueva actitud nos permita afrontar los que vienen, que serán mejores si nos lo proponemos puesto que siempre ha sido así. Es la hora de dejar de escuchar a los que se lamentan, porque hay una gran diferencia entre quejarse y pedir ayuda.

sábado, 29 de octubre de 2011

Verdades y mentiras (episodio 1)


Los sindicatos y el PSOE, con Rubalcaba I “el Sensible” al frente (cómo me conmueve la grandeza de su alma, un manantial que solo se revela en lágrimas, que diría Unamuno) han descubierto en la derecha al enemigo acérrimo de la enseñanza pública, a la que pretende destruir para condenar al abismo de la incultura y la miseria a los hijos de la clase trabajadora.

Recuerdo los tiempos en que los colegios públicos eran demandados por pobres y ricos porque su excelencia académica les permitía codearse sin complejos con los colegios privados de Jesuitas o Marianistas. Son buena prueba institutos con fama en toda España como el Ramiro de Maeztu en Madrid o aquí mismo, en la tierra extremeña, el Zurbarán.

Luego, las sucesivas leyes de educación socialistas, a base de sustituir esfuerzo y mérito por relajación y dinero, consiguieron unos centros educativos públicos que da gusto mirar de lejos pero miedo ver los resultados que consiguen en el alumnado. Y hoy los ciudadanos huyen de ellos, para escolarizar a sus retoños en los colegios concertados, cuando no en costosos colegios privados.

Pero en lugar de remediar los males de la enseñanza pública los socialistas prefieren buscar un chivo expiatorio y han escogido como tal a los colegios concertados que, según parece, absorben los recursos que les faltan a los públicos para tener calidad. Lo que no dicen es que absorben también buena parte del alumnado que tiene el derecho y la obligación de ser escolarizado y que, al ser más baratos que los públicos, lo que hacen es liberar recursos para estos. Cuestión de puras matemáticas.

Es más sencillo acabar con la enseñanza concertada, sobre todo si es religiosa, que mejorar la pública. Se trata de eliminar cualquier referencia que señale el fracaso del sector público también en educación. Si con eso empeora la calidad educativa es lo de menos. Total, ellos llevan a sus hijos a centros privados como el Colegio Británico o el Instituto Alemán.

El problema es que no es fácil engañar a todos. Y así, mientras los sindicalistas vestidos con camisetas verdes siguen manifestándose contra Esperanza Aguirre por obligarles a dar dos horas lectivas más, la ciudadanía ve en el niño pijo del anuncio de la campaña socialista al hijo del socialista Pepiño Blanco.