miércoles, 25 de noviembre de 2015

La presidenta Soraya.



Se critica estos días la negativa de Rajoy a afrontar un debate a cuatro con los restantes aspirantes a presidir el gobierno español, enviando a su lugarteniente Soraya Sáenz de Santamaría a fajarse por él. Pues no nos engañemos porque, aunque probablemente ni el mismo Mariano lo sepa, uno de los cuatro del debate va a ser el próximo presidente del gobierno, y yo apuesto por la sustituta.
En efecto, si el resultado electoral es el que se atisba en las encuestas, el PP va a resultar ganador con un porcentaje de votos en torno al 30% (pienso que será algo mayor), seguido por PSOE y Ciudadanos con un 20% (creo que Ciudadanos va a quedar tercero) y Podemos de farolillo rojo, con un 15% (también creo que será menor). El reparto de escaños resultante seguramente impedirá formar gobierno a otro que no sea el PP, salvo una unión “contra natura” del resto, que choca frontalmente con los egos de los aspirantes y que supondría la casi destrucción política para quien diera su apoyo a alguno de los demás.

En este escenario, Rivera ya lo ha dicho muy claro: “no apoyará a Rajoy”. Y, aunque le pese a Rajoy, sin el apoyo de Ciudadanos no logrará ser investido presidente, ni en primera ni en segunda vuelta. Y nunca lo va a tener, porque Rivera no puede otorgárselo sin quedar también en la cuneta para siempre.
Aquí es donde entra en juego nuestra denostada (por aquellos que no se han molestado en leerla) Constitución que, en su artículo 99, cuya lectura recomiendo a los periodistas, establece un mecanismo muy trabajado para la elección del presidente. En efecto, tras las consultas con los representantes de los grupos políticos, el Rey propone un candidato que debe obtener la confianza del Congreso en primera vuelta, por mayoría absoluta, o en segunda, por mayoría simple. Si no lo consigue, el Rey deberá proponer un nuevo candidato que se someterá al mismo proceso, disolviéndose las cámaras si en el plazo de dos meses ninguno lo logra.

Pues bien, dado que Rivera no puede apoyar a Rajoy, sin ponerse a los pies de los caballos, y que ningún otro partido lo va a hacer, es muy previsible que el candidato propuesto en segundo lugar (o incluso en primero, en función de las conversaciones previas)  sea Soraya, la única candidata capaz de conseguir el apoyo de Ciudadanos. Lo cierto es que lo tiene todo a su favor: sería la primera mujer presidente del gobierno en España, es buena dialécticamente,  tiene experiencia de gobierno, pudiendo capitalizar la recuperación económica y, en principio, está libre del lastre de corrupción que envuelve al resto de su partido. Para poner la guinda, baila, canta y monta en globo en la tele, lo que gusta mucho al votante medio.

Cierto que el ego de Rivera le va a hacer muy difícil tragar el apoyo a la vicepresidenta, pero cuando tenga que mojarse va a serle complicado ponerse de perfil, como acostumbra cuando hay que hacer algo más que hablar. Sobre todo porque, si hubiera que ir a unas segundas elecciones, una Soraya como posible cabeza de cartel, frente a alguien que quedaría como un irresponsable, sería una candidata temible.

domingo, 1 de noviembre de 2015

El impuesto al sol y las subvenciones verdes.



El proyecto de decreto de autoconsumo eléctrico ha levantado, desde que se inició su tramitación, una polvareda mediática considerable. Los ecologistas ridiculizaron el decreto, diciendo que establecía un impuesto al sol, precisamente en el país del sol. Lo cierto es que las críticas tuvieron su efecto positivo, al conseguir que se modificara un borrador que, en origen, tenía la estúpida y totalitaria pretensión de gravar con impuestos a quien se montara su propio sistema de generación eléctrica al margen de la red general.

Otra cosa bien distinta es que se siga hablando de impuesto al sol a la vista del texto definitivamente publicado en el BOE. Porque, aunque les pese a quienes no permiten que la verdad les estropee una buena noticia, el nuevo decreto deja al sol libre de tributación. 

Centrándonos en las instalaciones que podríamos llamar “domésticas” (de potencia inferior a 10 KW) el régimen que se establece es el siguiente:
- Las que no están conectadas a la red general, que no pagan impuestos, ni gastos de estudio ni nada de nada.
- Las conectadas a la red, que pagan la energía consumida fuera así como los gastos generales de distribución, es decir, lo que les suministran las eléctricas y el “enganche fijo”, como el resto de consumidores.

Así, el impuesto al sol no aparece por ninguna parte. Pero los ecologistas no están satisfechos y plantean el tema como una batalla entre las compañías eléctricas y la totalidad de consumidores, pretensión que tiene muy buena acogida entre los propios consumidores, dispuestos a tirar piedras contra su propio tejado con tal de jorobar a las odiadas eléctricas. “Es como cobrar impuestos al que siembra sus propios tomates”, siguen diciendo algunos. Lo que no dicen es que la verdadera batalla se está librando entre los consumidores que quieren y pueden utilizar energías renovables y el resto de consumidores.

Porque a los partidarios del autoconsumo no les basta con que les permitan instalar su propio sistema de producción libre de impuestos. Ellos proponen verter a la red el excedente que producen cuando hay sol, y recuperarlo cuando no lo hay, sin pagar coste alguno (sistema de compensación le llaman). Y eso es tanto como obligar a la cooperativa de tomates a quedarse en verano los sobrantes de quien tiene un huerto para autoconsumo, a cambio de darle en invierno tomates gratis. El problema es que los gastos de recogida y entrega no los pagará el del huerto, sino el resto de clientes de la cooperativa. Éstos cubrirán dichos gastos y, además,  verán alterados sus precios, especialmente en invierno, donde tendrán que pagar más caros los tomates.

Por tanto, seamos serios: impuesto al sol no, pero subvenciones a las renovables a costa de la factura de la luz del resto tampoco. Porque ya hemos tenido bastante con los huertos solares de Zp, que pagamos todos para hacerlos sostenibles y, al final, acabaron con la ruina de quienes invirtieron en ellos.